
A juzgar por su precio, todo parece indicar que sí. Cuando reflexionamos acerca de lo que nos llevamos a casa, es evidente que no. Que algo sea considerado caro o de lujo, en realidad, no depende sólo del precio, sino de la relación entre la calidad y el precio:
¿Qué nos da la alimentación biológica, que no nos da la convencional?
¿Qué nos da la alimentación biológica, que no nos da la convencional?
Muchos se preguntan: ¿si no se utilizan productos químicos, a qué se debe que sean más caros?
- La agricultura industrial está en gran parte subvencionada, lo que disminuye su precio.
- Requiere más mano de obra, y eso incrementa su coste, ya que este tipo de cultivo es más artesanal. Pero también crea más empleo y de más calidad.En la agricultura biológica no sirve el modelo extensivo: los grandes monocultivos son una invitación a las plagas. La agricultura ecológica combina el cultivo de distintas variedades de plantas, para evitar que sean invadidas por un gran número de insectos del mismo tipo, es decir, una plaga. Siempre deja zonas de terreno virgen, con una variedad de plantas salvajes que sirvan como alimento a los insectos, y de árboles que "sujeten" el terreno fértil, y combina el cultivo de diferentes especies. De esta forma se aleja el peligro de grandes plagas, y además se enriquece el suelo.
- La diferencia de coste entre unos productos y otros tiene también que ver con el coste ambiental. El coste del esfuerzo y el cuidado necesario para mantener el suelo vivo para las generaciones futuras. Ya que la agricultura ecológica:
• Conserva y mantiene la vida y la fertilidad del suelo. Hablemos de bacterias. Las bacterias de nuestro intestino (con un número diez veces superior al de células de nuestro cuerpo), tienen la misión fundamental de completar la digestión de los alimentos, controlar la proliferación de microorganismos nocivos y proteger las paredes intestinales. Sin ellas, no habría vida. De igual forma, las bacterias, microorganismos, insectos, lombrices, etc. del suelo fértil realizan un trabajo continuo de digestión de residuos vegetales, para hacer biodisponibles los nutrientes y así permitir el crecimiento de plantas nuevas. La materia orgánica de un suelo fértil no está preparada para resistir la presión de un tipo de agricultura que la fuerza químicamente, y que además deja los suelos a la intemperie. Estos microorganismos son muy sensibles a la acción directa del sol, y al agua, que arrastra fácilmente esta capa fértil desprotegida. Cuando estos microorganismos desaparecen, desaparece la capa orgánica, y el suelo agrícola se erosiona. Por estos motivos, cada año se abandonan por "desertizadas" amplias zonas agrícolas en todo el mundo. El capítulo final de este proceso es la desertización, un proceso irreversible de pérdida de fertilidad.
• Conserva y mantiene la existencia y la propiedad pública del patrimonio genético de las semillas. Gracias a la agricultura biológica todavía conservamos semillas de gran cantidad de variedades vegetales autóctonas, no manipuladas genéticamente. Los transgénicos tienen el gran inconveniente de que es imposible evitar que cuando polinizan sus genes se combinen con los de los cultivos vecinos. La amenaza, por tanto, no se cierne sólo sobre los cultivos transgénicos en sí, sino también en aquellos que pudieran contaminar genéticamente.
• La inteligente gestión de las tierras agrícolas y del bosque es esencial para conservar la diversidad de especies, incluida la nuestra. Los agrosistemas que cree el ser humano para conseguir su alimento deben ser parte esencial de una adecuada gestión y conservación de los ecosistemas, de los cuales dependen una variedad de seres vivos, animales y vegetales.
• Conserva y mantiene el tejido social y la cultura rural, que es una riqueza para todos y parte esencial de nuestra sociedad, de nuestra cultura, y de nuestra seguridad alimentaria.
Pero la forma más eficaz de conseguir que deje de ser un lujo, sería invertir en su desarrollo. En Alemania ya cerca del 50% de la producción es o está en conversión a la agricultura ecológica, gracias al apoyo económico del Estado.
Hay una última razón para permitirse el lujo de consumir biológico, además de mejorar nuestra salud. Nuestras elecciones y decisiones de compra tienen el "efecto secundario" de promover un tipo de agricultura u otro. Por tanto, hacer la compra puede ser un acto lúcido, lúdico y libre de apoyo a quienes tienen el detalle y el entusiasmo de cultivar la tierra como si fuera la única que tenemos.
